martes, 10 de febrero de 2009
Hay un lugar en las personas, donde miramos y vemos todo su interior, como cuando ponemos una hoja delante de la luz, que se puede ver incluso la trama del papel, y si sabemos como mirar podemos inclusive ver cual si tuvieramos una lupa; es ahí cuando comienza el mundo a girar, cuando nos entendemos y nos leemos hasta lo mas profundo del ser, es allí cuando las flores de las relaciones brotan y cuando puede darse cabida al amor, a cualquier amor: amor de familia, de amigos, amor bruto, amor apurado, amor imposible y hasta utópico, amor propio, amor al arte, amor a cualquier cosa y de cualquier tipo.
Es allí cuando el amor se comienza... a llevar en la sangre, en el alma, en la esencia, allí es cuando todo se convierte a color y la lluvia puede ser detenida por un segundo, o millones de horas.
Pero hay que saber bien dónde mirar, porque si miramos en un lado que no es pasan cosas malas, negativas, feas; igualmente de todo se aprende, y para aprender a mirar hay que equivocarse muchisimas veces, millones de veces, y jamas rendirse, porque cuando sabes aunque sea mas o menos a donde mirar hay un lazo irrompible con el ser.
Y en un tiempo donde la sangre no vale nada y se estampa en cualquier calle por cualquier razón, en un tiempo donde la noche casi no existe solo porque nos asusta, en un tiempo como este, cada vez es más difícil ver cualquier cosa, ya hasta las estrellas son difíciles ver...
Y aquí estamos, suceptibles y desamables, somos como una figura armada con partes de otras figuras q antes se desarmaron, así vivimos, y así morimos, y de todas formas solo algo nos queda por hacer...
...aprender a ver mejor.




